La polémica en el Atlante vs. Pumas del pasado fin de semana ha sido atractiva para muchos fanáticos y analistas, pero lo que realmente llamó la atención fue la expulsión del entrenador Miguel Herrera del banquillo por parte del director técnico del Atlante.
Herrera, conocido en el mundo del fútbol español por su forma de dirigir al equipo con un carácter autoritario, había establecido un tono fuerte y directo desde su toma de las riendas del Atlante. Pese a ello, fue su comportamiento excesivo los que llevó a la confusión en el Estadio Adolfo Suárez Portela Vidaurreta, donde se jugó el partido contra los pumas.
El director técnico decidió expulsar al entrenador por falta de respeto hacia las autoridades competentes. Aunque inicialmente entendemos su posición como director del Atlante de que tiene la legitimidad para tomar decisiones sobre el equipo, entendemos también el porqué de sus acciones por parte del Director técnico del Atlante.
La intensificación de este enfrentamiento generó grandes fricciones en el campo y en las sescciones de prensa.
Estos incidentes abren interrogantes sobre la capacidad de los directivos deportivos para gestionar estas difíciles situaciones de manera efectiva, especialmente cuando hay una creciente sensibilidad social y média al asistente que apoya la justicia y la igualdad en la gestión del poder a nivel deportivo.
