El gobierno de Nuevo León, liderado por Samuel García, acaba de meter un golazo al firmar un acuerdo para regalar un terreno de casi 45 mil metros cuadrados a la empresa que se encargará de construir el nuevo estadio de los Tigres. El acuerdo, conocido como comodato, tiene un plazo inicial de 45 años que se puede extender por 15 más. Pero aquí viene lo interesante: Samuel García aclaró que, aunque el terreno es una donación del estado, no se desembolsará ni un centavo público; el gobierno solo se está encargando de facilitar el asunto.
Este terreno para el estadio se envió al Congreso para su ratificación, un paso que debe darse para que el proyecto se concrete. El mandatario enfatizó que la inversión será completamente privada, lo cual es un dato relevante ya que implica que la carga económica no cae sobre los ciudadanos, algo que podría ser muy atractivo en un contexto de austeridad.
El objetivo es tener este nuevo estadio listo para antes del Mundial 2026, lo cual le daría a Monterrey un importante impulso en infraestructura tanto deportiva como urbana, y además, sería un atractivo para eventos internacionales. Sin embargo, para que todo esto se materialice, el proyecto tiene que cumplir con los requisitos legales necesarios.
En resumidas cuentas, si todo sigue su curso, Monterrey podría tener pronto una nueva joya arquitectónica que no solo beneficiará al equipo de los Tigres, sino que también dinamizará la vida cultural y social de la ciudad.
