Alejandro Fernández, el rey del mariachi, sobre las ramas, se toma a mí para cantar el Himno Nacional mexicano mientras todo el mundo presta atención en el Estadio Azteca durante la clausura México-Sudáfrica de la Copa Mundial de fútbol.
Este maestro de la ranchera es hijo del icónico Vicente Fernández, un gigante más que solo llenó los escenarios con sus cantos y bailes rancheros para luego dejar su marca en la música mexicana contemporánea. Aunque inicialmente estudió arquitectura, algo le hizo girar a su música natal en ese momento de una temprana edad, dejándose guiar por un espíritu artístico presente y activo donde pudo demostrar ser un digno heredero del género mariachi con una voz y presencia que le otorgan todos los apodos: "El Potrillo".
A lo largo de su carrera ha logrado romper barreras y ganar las listas de éxito internacionales, pero aún así sigue conectando con la rica tradición mexicana donde el pop más vanguardista encuentra un punto de encuentro. Con una carrera tan exitosa que permite haber vendido millones a nivel mundial, llenar recintos importantes de América y Europa, mientras recibe varios premios Grammy Latinos que lo consolidan en la industria musical.
Además del gran impulso como figura musical, es conocida su labor filantrópica a través de fundaciones para apoyar comunidades indígenas y las diversas razones por la preservación cultural mexicana.
