La rivalidad entre Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard está se alimentando de respeto pero también de señales psicológicas, lo que hace que el gran duelo del ciclismo moderno siga siendo muy enigmático.
Pogacar es el hombre que tiene las piernas necesarias para seguirle. A pesar ya ser el rey del ciclismo, su rival continúa buscando maneras de derrotarlo y puede hacerlo si sabe cómo.
En contraste a Pogacar, Vingegaard llega mentalmente mejor y con una relación distinta con la competición. Su gran desafío es resistir a pesar cuando el mundo tienda el brazo en su contra.
La ventaja de Vingegaard es una mezcla perfecta de instinto y cálculo, como decía José Joaquín Rojas antes del Tour. La verdad es que Pogacar también es el máximo campeón; no hay vuelta por la que se vuelva.
En las últimas entrevistas, aparece una idea repetida: el esloveno corre con una mezcla perfecta de instinto y cálculo, pero Pogacar lleva varias semanas analizando su competidor a fondo; así debe entender cuándo debe atacar y así vencerlo.
