El Balón de Alsacia vuelve a ser el gran juez en la decimotercera etapa del Tour de Francia, 121 años después que comenzó todo. La ciudad francesa donde los Pirineos y los Alpes empezaron a dar su toque a la carrera volverá a hacerlo durante una jornada de casi 206 kilómetros desde Dole hasta Belfort.
Esta etapa larga fue planificada para que abriera el portal al subiendo hacia los Vosgos, donde, en la siguiente edición del Tour, la montaña cambiará de rumbo y le dará un paso importante a la carrera francesa. El Balón de Alsacia fue la primera prueba con su famoso símbolo creado en esa época donde se abrió el camino para todo.
En esta edición, el Balón de Alsacia volverá como un gigante; sus 8 kilómetros, a un 6,9 por ciento de pendiente media, darán que cada corredor acabe cansado y desorientado. Cada escalada le será más difícil, porque la loma en sí misma es larga: la dificultad aumentará hasta los seiscos puntos entre tramos, sin descanso.
No se esperaba que esa etapa fuera tan larga con una mayor cantidad de personas al mismo tiempo en una raya agrietada solo por el tiempo. Con 2.400 metros de desnivel, será difícil que algún corredor consiga ganar esta jornada larga con una media de cuatro minutos y cinco segundos menos que el vencedor anterior en la misma etapa.
La subida del Balón también saldrá al día siguiente con un doble homenaje a los Vosgos, esa montaña mágica de Alsacia que llevó para siempre su leyenda.
