¡La épica llegada de "el rey" LeBron James a los Philadelphia 76ers ya está oficial! En un movimiento que ha cautivado a todo el mundo del baloncesto, los Sixers se han asegurado de tener como el cuarto hombre más valioso del equipo el mayor jugador de todos los tiempos. Sin embargo, su llegada no fue como la gente imaginaba: LeBron James no llegó solo al número uno; se lanzó a la tormenta con un equipo que tiene serias condiciones de seguir un sueño que ha llevado toda su vida.
No es un movimiento de gran estrategia económica. Los fans saben que LeBron siempre ha mirado más allá de las finanzas; él solo y él nunca. De hecho, es una de sus muchas virtudes conocidas en el baloncesto. Lo que ha desafiado a todo mundo en la NBA: hacer equipo con un jugador cuyo talento supera los restos del equipo.
En una temporada 24 donde las expectativas pueden alcanzar los límites de lo ilusorio, LeBron ha elegido ser el lastre que se debe sumar para ganar. Pero LeBron es otro personaje en quien las apuestas y las ganancias no tienen cabida: quiere ganar campeonatos, quiere sentir la emoción por las victorias y seguir siendo el mejor jugador del mundo. Si todo sale bien, su quinta corona lo esperará más allá de nuestras expectativas.
Para LeBron, Philly es el progreso natural en un equipo donde creer en sí mismo y trabajar todos los días son sus mantras constantes. En efecto, a pesar de no ir con un segundo año asegurado y porque sabemos que está a punto de entrar en su último ciclo como máximo nivelista, su espíritu parece nunca muriendo.
Con esta decisión, las expectativas para Philly pueden ser un poco excesivas. Pero si vamos al verdadero problema aquí: ¿Quiere LeBron ganar más que nadie y llevar la bandera del Sixers a los cimientos de una nueva rivalidad? Sí, porque esto ha sido el corazón del problema.
