En el lunes por la tarde, un hombre que había acabado de conquistar la vida lo sabía Tadej Pogacar, tras vencer en el Tour de Francia, su quinta edición. Para Pogacar, esa victoria fue más que una simple logrosa, era la confirmación de una ambición que durante años perseguía con dedicación y disciplina. Fue un momento de gloria para él, pero también la recompensa por el esfuerzo constante desplegado en las carreteras francesas.
El 16 de julio, en el número 7 de la allée Louis de Funès, Pogacar se detuvo bajo MARCA. No hubo protocolo y todo parecido a un día de cualquiera. El ciclista se dejó llevar por la emoción del momento que se desató al ver su frase en la portada junto con una foto tomada por Lorenzo Verdinelli, vestido de amarillo.
En esa acera parisina, Pogacar celebraba su quinto Tour ganado mientras él mismo también conservaba el árbol con cinco dedos. De amarillo era el maillot que llevó durante semanas y una parte del esquijo de vencedor de tres ediciones tras atravesarse de nuevo las calles francesas. En París, lo que se celebra aún despierta: el Tour sigue en blanco por la faltan varias marcas.
Esin duda que Tadej Pogacar está a punto de dejar una huella imborrable y transformar el ciclismo, según le dijo Juanlu Matxín, jefe del UAE Team Emirates. El periodista recientemente escribió: "Sin el don, sin sacrificio, silenciosas las renuncias, caídas, dudas y una obsesión por mejorar cada día. Sin todo eso lo que queda no sería Tadej".
En la pista del Tour, otro ciclista se le acercaba a ganarle una batalla como ninguna: el tercero de la general, Isaac, en su debut con un maillot blanco. Sin embargo, Pogacar nunca intentó competir directamente con él sino que lo acompañó y le dio todas las herramientas que neces
