La carrera del Mundial de Ciclismo, que acabó siendo muy caótica y emocionante, fue clave para el neerlandés Mathieu van der Poel, aunque finalmente no llegó a la primera plaza del podio. Aunque el objetivo principal era ganar el título, Van der Poel salió satisfecho con una actuación en la que demostró que puede soportar un buen ritmo sin vengarse de su cuerpo al máximo.
Mathieu van der Poel ya había planeado desde hace tiempo lo que quería conseguir. Quería "endurecer" la carrera, anticiparse a sus rivales y estar siempre un paso por delante cuando começaran los ataques más serios. Por eso se levantó muy temprano, mientras todavía hacían otros 90 km de tráfico, para darles una idea que él quería a todo el mundo. En el circuito de Montreal la carrera fue especialmente exigente y van der Poel tuvo que aprovechar muy bien su posición con sus amigos del equipo.
La única forma en que se sorprendió fue cuando vio que McNulty saltó desde el kilómetro 33, lo cual le hizo ver que era muy difícil anticipar qué serían los ataques futuros. Si hubiera esperado demasiado, todo podría haber sido por mejor si se hubiese quedado quieto y en ese momento del año cuando los ataques son más tempranos, la cosa habría cambiado de mucha manera.
Pero antes de esta caótica salida final, Van der Poel dijo que no le importaba ganar o perder. Lo importante para él es poder disfrutar el ciclismo sin trucos ni tecnologías que lo ayuden. “Preferiría haber sido campeón del mundo, claro, pero corrí como quería correr”, explicó, mostrando su espíritu deportivo.
Con esto, Van der Poel rescataba una parte más pura de esta prueba donde la intuición, la lectura táctica y la capacidad para improvisar vuelven a tener un peso decisivo.
