La derrota del Tricolor, lejos de ser sorpresiva para Estados Unidos, mostró la verdadera cara de lo que podría convertirse en el equipo más débil de la Concacaf si a Rafael Márquez no se le pasa por el pie. El estilo es desconocido, la organización desarticulada y las soluciones mentales inexistentes, pero hay algo más: un líder mental inexistente que parece carecer del temple para tomar decisiones en los momentos clave.
En contra de Estados Unidos, México salió a la cancha con el mismo grupo que estaba contra Colombia, sin dar lugar por supuesto a Gilberto Mora ni siquiera a Hirving Lozano. A pesar de un buen primer cuarto de juego donde se controló y generaron oportunidades, el equipo tricolor no logró definir posiciones claras, sin ninguna iniciativa con su delantera o en contra, que solo vio la cara con una ocasión clara a los 3, para empujar al fondo.
La mayor pifia fue de Tala Rangel al intercetar un pase arriesgado y marcar el gol de apertura a Hall tras un centro del área chica; lo más inquietante sin embargo es saber qué tan lejos está Rafael Márquez, el manejador en crisis, para llevar a su equipo de un ránking bajo a uno alto.
Con este gol se desdibujó México y termina el primer tiempo sin respuesta pero sin un marcador definido. El inicio fue más revolucionado que con cualquier otro adversario. Luego, entraron Luis y Mateo Chávez en la segunda parte para intentar sacudir al rival estadounidense, y aún así la desorganización prevaleció.
A pesar de la falta de una salida clara del tricolor por el lado ofensivo, México parece estar a punto de abandonar en contra. De hecho, su retraso defensivo hizo que el marcador creciera: después del gol de Hall no se detuvo. A los 57 minutos se obtiene un intento con el remate longo, desviado por el portero estadounidense, pero luego la pasividad fue despreciable.
Cuando llegó la oportunidad más razonable de contraatacar,
