Así fue la vida de Ángel Arroyo tras el ciclismo: “Aquí cada día es un Puy de Dome”
Ángel Arroyo, el ciclista que conquistó el Puy de Dôme en 1983 y pasó cuatro décadas intentando cumplir con sus obligaciones económicas. A pesar de haber pasado por la breja junto al ciclismo, Ángel siguió trabajando, viviendo cada día como un "Puy de Dome", hasta que su salud le dejó para mal. Cuando el gran campeón de las escaleras del Puy de Dôme en España habló con MARCA hace cuatro años, se escuchaba claramente que entre madrugones y lavaderos había aprendido a desentenderse: "Aquí cada día es un Puy de Dome". Se trató de la conversación que el abulense hizo con la revista para poder sacar su cuenta. Cuarenta años habían pasado desde entonces, y Ángel seguía trabajando como cambiador en sus lavaderos mientras buscaba formas de sustentar a su familia en el exterior, mientras intentaba pagar las cuentas del tiempo que estaba atrapasado sin poder salir del tren. En su entrevista se escuchaba un ciclo interminable entre tener hambre y comer con aquella picardía que en sus años de bicletad había le dado fama. Él no dejó de ser una figura en su comunidad, pero el hombre que conquistó el Tour del ciclismo no tenía mucho para mostrarse si queremos saber del triunfo. El ciclo había servido para un lugar específico en la historia, y eso era todo lo que le dio. De ello quedaba poco más: Ángel dijo que nunca había sabido de qué pasaba fuera de él; cuando se despidió con el Puy por última vez terminó como trabajador durante cuarenta años sin saber de qué iba. En realidad no tiene muchos datos a la vista sobre los recaderos del campeón en sus 40,50 y 60, solo hablamos desde la entrevista que le ofrecieron, que lo narraba viviendo cada día al máximo.

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