En la reciente jornada 17 del Clausura 2025, James Rodríguez, el talentoso mediocampista colombiano, se metió en un problemón que le costó caro a León en su partido contra Monterrey. Todo se desató cuando el ex compañero de club de James en el Real Madrid, Sergio Ramos, apareció en una jugada que encendió su temperamento.
Resulta que, en el minuto 68, Ramos, que ya había recibido una tarjeta amarilla, se cruzó con James en una jugada física. El árbitro, Adonai Escobedo, decidió no sancionar la falta, lo que generó la furia del colombiano. En un arranque de frustración, James le gritó al árbitro pidiendo justicia y soltó un par de palabras que no le ayudaron para nada. En vez de calmarse, siguió insistiendo y terminó recibiendo una tarjeta amarilla por quejarse. Y como si eso fuera poco, un par de segundos después, ya con la cabeza caliente, sus protestas le valieron una segunda amarilla y lo mandaron al vestidor. Así, León se quedó con un jugador menos y terminó perdiendo el partido, descendiendo en la tabla a la sexta posición justo cuando se acerca la Liguilla.
Aparte, hay un detalle importante aquí: la Comisión Disciplinaria de la liga está revisando qué dijo exactamente James, y si sus palabras merecen una sanción mayor. Si esto se confirma, podría perderse varios partidos cruciales, incluso el de Cuartos de Final contra Cruz Azul. Así que, aunque no se puede decir que Ramos fuera el único culpable, su presencia en la jugada definitivamente encendió la chispa que llevó a James a perder el control. En resumen, el fútbol a veces es más que solo técnica, también es un juego de emociones y carácter.
